Es aquí y ahora enterrada en el aire
una casa cavada desde el suelo al cielo.
En ella habita aquí y ahora
un cuerpo solariego,
un alma abandonada,
un corazón nublado,
un perfume ya perdido
y una mente que no lo olvida.
La casa crece alrededor conteniendo
sobre su suelo los pesares de la vida,
marcando que existe un alto a ese cuerpo
que cae y cae y no tiene caída.
Aquí hay ahora bajo unos techos
unos brazos despedidos,
un pecho sin función,
una boca destronada
de un palacio femenino,
unos ojos como láminas
de gastadas fotografías.
El cuerpo yerto se fragmenta en un esfuerzo,
mueve su brazo casi tieso involuntario
y saca de su sangre disecada una pluma…
con tinta roja lacrimal escribe su epitafio:
“Es aquí y ahora enterrada en el aire
una casa cavada desde el suelo al cielo…”
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