Cuando salí de casa
abandoné los hierros, las placas;
esas paredes que me lloraban;
esos suelos que gritaban jabones
y pañuelos y refriegos.
Descolgué de las perchas del aire
aquellas imágenes rodantes
de alguno y alguna.
Empaqué todos los pesares,
las pedestres penas
y levanté los mil bolsos agridulces
por una ruta intrincada
hasta respirar los coyuyos,
los grillos, las piedras.
Me alimenté de las luciérnagas
que titilaban pequeñas esperanzas.
Me sentí parte de los suelos azotados,
de la naturaleza abatida,
y de esa forma informal
me escabullí en las noches fugitivas
y bebí con la luna y dormí bajo árboles
mientras el papel se encargaba
de contener los pesares pesados
sin pesar ni pesarse de las lágrimas
metálicas o los suspiros vehementes.
Categorías
Etiquetas
Textos relacionados
Juego de niños
Nos recuerdo a los dos pequeños de todo lo que consuma la vida. ¿Niña, quieres jugar conmigo? y tus ojos asentaban felicidad. De risa era la corona que te cubría […]
Nunca vas sola
No creas que caminas con los pies descalzos sobre suelos sin lámparas desnivelados, ni que vas sin contorno a tanteos extraños sin barandas de hombros, con los ojos vendados. No […]
Instrucciones Modernistas
Cuando yo diga día no pienses en la luzni en la rutina, ni en el calor, la fotosíntesis o la abadía.Cuando yo diga día entiende el sinsaborde una mañana que […]
Trementina de letras
De mi inspiración crecen azules racimos que tu amor junto al mío los fueron cultivando en la marca de mis manos. Arbolados los dos entre vagos sentimientos cruzamos con el […]
Tal vez te interese
Los libros y la nada
A veces desprendido de la noche pienso con anticuada anticipación acerca de los libros y sus voces. La ausencia de aquellos que culminaron su alma y virtud entre las hojas […]
La carta que ella nunca leerá
¿Cuánto tarda uno en caer al delirio? Si es por desatino o desvarío tarda, tanto; Tanto como un giro, como una media vuelta, asustado sin ser visto y visto asustándose. […]
Mínimamente te requiero
Mínimamente te requiero: pequeña, en gotas. Como caricia de verbo, de tiempo, de aurora. Tenue como una luz encendiéndose. Pausada y en fragmentos y en esporas. Cuando vengas, ven despacio, […]
Caballos noctámbulos
Se encienden las cumbres en la noche como altivos dientes de filos lustrados. La luna es un mendigo con trapos plateados. Campo empotrado bajo el silencio del viento dame de […]
