Vienes a mí, en la distancia implantada
como agua sonante, como perfume de lluvia:
ineludible, invicta por sobre el tiempo;
conquistadora de ojos grandes y bandera.
Enraizada de manos en mí pecho,
siento que tu cuerpo aprieta mis sueños
con el agua, la fuerza, la flor y la duda.
Dominante de las direcciones de mi mente.
Mástil de piel aquietada y temblorosa.
Erguida como aguja de dolor en mi frente,
latiendo al semblante que tu cabello acosa.
Así te recuerdo y así te apareces ahora.
Amo al amor que sabe implantarte en el aire,
amo este amor que sabe dibujarte en las sombras:
amor de tus regiones de besos, caricias, silencios
que crecen, se anteceden y someten mis horas.
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