Te extraño. Te estoy extrañando en estas noches en que no puedo volver a escribir poesía. Te estoy extrañando irreparablemente como carie al dentista. Te extraño porque no puedo ser romántico si no tengo tu esencia de mujer a mi lado. Te extraño porque habitualmente soy un tarado. Te extraño porque te quiero, porque te suplico, porque te llamo en vano. Te extraño con perfume, con boca, con dulce de leche, con abrazos. Te extraño mirándome, sonriéndome, diciéndome –te amo-. Te extraño exploradora, explosiva, explotadora. Te extraño la piel, los celos, los llantos. Te extraño mis refugios, mis halagos, mis quebrantos. Te extraño mis entregas, mis recibos, mis pedidos. Te extraño en mil partes, a medida, con un costado. Te extraño con mi nada, con mi todo, con lo que no tengo. Te extraño con almuerzos, con meriendas, con cenas. Te extraño con hambre, con sueño, con agonía. Te extraño porque no soy sin vos, porque estoy allá entre tus brazos. Te extraño porque no sé quién sos; porque estás allá afuera esperándome con mi alma; porque no te tengo; porque te estoy buscando.
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