Despierto.
Miro la fatiga.
Fatigo la mirada.
Ando.
Respiro las formas.
Diluyo los sonidos.
Me escabullo en los sabores.
Saboreo los cielos, las nubes.
A veces canto un aroma.
Otras, grito un rojo y un negro;
un par de triángulos.
Toco la visión de los que me acompañan.
Escucho con atención
lo que dicen las almas.
Pongo un pie en amarillo
y crezco por una luz azul
y me hago de un sonido verde claro.
Pero siempre, siempre al final
termino por escribir mis versos.
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