Me hace falta ese que tenés a tu costado.
No este que te escribe estos versos despiadados.
Me hace falta ese que te mira y se hace a un lado,
que deja todos sus males y sus desiertos congelados.
Me hace falta ese que te escucha y se amenaza
con decirse él mismo de la noche y de la casa.
No este tempestivo qué terrible el viento pasa.
Ni el paulatino de los vinos que adormecen el mañana.
Me hace falta ese que te abraza.
No este insustancial, remoto y anémico de albas.
Ni este otro seco, torvo y tercamente espaciado.
Me hace falta ese que atraviesa sus soldados.
El que no tiene huecos ni se desangra enlodado.
El que se escabulle con su sangre por tus manos.
El que escucha tu mundo, tu silencio y tus pasos.
Me hace falta ese que te acompaña descalzo.
Me hace falta ese que traspasa
todos sus pasillos con legiones de desgracias.
Ese que no es uno, ni solo, ni ego, ni amargo,
ese que no tiene cárceles sino vuelos y amparos
tan solo porque está a tu costado.
Categorías
Etiquetas
Textos relacionados
Ante-título
Me digo y me redigo y me recontra digo«Yo podría ser poeta» pero no lo soy.Podría darle vida en estos versos a la piedra,escribir un nuevo sol en el que […]
Atrapasueños
Dicen los que no sueñanque es como una muerte el sueño.Sueñan los que dicenque la muerte tiene sueños. Y es que en el sueñola muerte existe tan sólo en sueños.Y […]
De plantas y bestias
De mis dedos surgieron pequeñas semillas; pequeños huevos incubados en el papel y de a poco en ese pasado comenzaron a crecer. Se hicieron retoños, se hicieron crías en ese […]
Ilusiones
Dentro de las esbeltas perlas azules te veo caminar por los pies de la tarde: El sol arrastra consigo el vestido que te ilumina y atardeces en mi alma como […]
Tal vez te interese
Serendipia
No soy tan fuerte como mi silencioni tan valiente como mis palabraspero a veces es cierto puedohallar en tu abrazo las armas. Tal vez los días me sean inciertosy el […]
Juego de niños
Nos recuerdo a los dos pequeños de todo lo que consuma la vida. ¿Niña, quieres jugar conmigo? y tus ojos asentaban felicidad. De risa era la corona que te cubría […]
Ensueño en ocaso
Viene hasta mí la sonrisa escondida, los ojos que me olvido como son, como fueron, el relámpago cobrizo de su pelo. Algunas veces le hago canto. Otras veces reparo el […]
La carta que ella nunca leerá
¿Cuánto tarda uno en caer al delirio? Si es por desatino o desvarío tarda, tanto; Tanto como un giro, como una media vuelta, asustado sin ser visto y visto asustándose. […]
