Los charcos son el resto de una obra importante como lo son las lluvias y tormentas. En ellos se puede ver el resumen, se pueden criar renacuajos, se pueden usar para jugar, para obstruir, para putear al bajar del bondi, esas cosas. Están estos charcos que son de agua y están los charcos de lágrimas en los que se ven los resúmenes; los charcos de sangre, que no son para jugar; los charcos de ideas, que pueden criar renacuajos; los charcos de celos, que obstruyen todo paso; los charcos de rutina, que puteás cuando bajás del bondi; los charcos de amor que se te pegan a cada paso; los charcos de estúpidos que no son más que baches por todos lados; los charcos de porquería que hay que limpiarlos después de apagar el televisor o la radio; los charcos de cada uno, que o te ahogan o te hacen flotar; los charcos de nuestras vidas, que pueden cristalizarse o evaporarse, según el caso; los charcos cíclicos del tiempo; o -entre tantos otros- los charcos del embole que a veces pueden crecer hasta formar lagunas, mares, océanos y terminar por ser un libro, como en este caso.
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