Ya he probado los verbos accidentados de la falta de inspiración. Ya he probado los sonidos oxidados de los viajes. Ya he probado mi mente subterránea, mi mente símil de fósiles. Ya he probado las costumbres de la humedad y los revoques. Ya he probado la terquedad de los días áridos y la asfixia de los estrenos nublares. Ya he probado andar descalzo por la rutina, los cayos de listas y asistencias. Ya he probado la resurrección de todos estos calvarios, sin Dios, sin cruz, sólo clavos. Ya he probado que una bolsa, que embolado, que desganado, que abandonado. Ya he probado los sueños sin nombre, los ojos hambrientos, los dedos gastados. Ya he probado mi cuerpo en el barro, mi lengua en lo áspero, mi cerebro volado. Ya he probado mis letras abandonadas, mendigas, ejerciendo actos bajo semáforos, vendiéndose a cada rato. Ya he probado darles monedas, pasando de largo, regateando sus trapos. Ya he probado creerme superado; he probado la alquimia en vano. Ya he probado todo lo que ha sido exiliado; ya he probado tu soledad. Ya he probado el gusto de mis dientes apretados. Ya he probado que estoy tirado. Ya he probado que no me caigo. Ya he probado que no quiero seguir así; que necesito el sabor de tus manos. Podrías probar ahora que puedo probarlo.
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